Japan Style

Sophie Marceau

Es que hay que reflexionar con más intensidad y el apoyo de un buen guión...

LIGERA DISERTACION SOBRE EL ESTADO ACTUAL DEL ARTE.

La falsa democratización del arte, lo que ha conllevado es básicamente, que una legión de amateurs, sin discurso coherente, ni aportación genuina alguna, colapsen los espacios de exposición de las obras, generando una caos inabordable de opciones prácticamente idénticas, en su tópica superficialidad.
La masificación, por si sola, ha causado graves daños al tejido cultural.
Las redes sociales, de difusión masiva e indiscriminada, se han trasformado en el espejo de una sociedad narcisista y mediocre, que oscila entre el cierre egóico más severo, y la mitificación más injustificada, de personajes, sin el valor real que se les atribuye.
La banalización del arte, según el criterio del “todo vale”,-que es lo mismo que no tener ningún criterio-, ha sido una maniobra del sistema burgués, para proscribir y demonizar la figura del artista independiente, alternativo y contracultural.
Periódicamente se otorgan esos minutos de fama aleatoria, los premios para figurantes, con caducidad programada, que son la zanahoria que sigue alimentando la ambición de muchos inconscientes.
Esta banalización del arte, como forma de conocimiento impotente, intrascendente, es un insulto para todos los artistas-pensadores, que investigan los múltiples aspectos del lenguaje visual, con el mismo rigor que estudiaría un científico los fenómenos de su campo.
Para los que buscan esas claves estéticas potentes, que puedan afectar a una sociedad aletargada por el consumismo compulsivo, lo que está ocurriendo no es sino un complot para silenciar todas las voces disidentes, enterrándolas bajo toneladas de anonimato forzado, del que es imposible escapar.
Ver medrar a artífices de mentalidad convencional, que exhiben una habilidad manual relativa, es una ofensa para aquellos que tienen nociones de historia del arte, y son conscientes de lo anacrónico de ciertas propuestas, por no decir mejor, “reaccionarias”.
De su desconexión absoluta de esos grandes temas de investigación, que son: el nivel poético de las obras, el análisis de la forma o el color, y sus implicaciones sentimentales, el conocimiento arquetípico, de la esencia común a las culturas, que genera sus mitos y símbolos, (también llamada “filosofía perenne” o “paradigma trans-cultural”), deriva este empobrecimiento de la cultura colectiva.
De la tremenda involución que implica, desestimar las aportaciones de las sucesivas vanguardias, para integrarlas en un pensamiento plástico colectivo, nadie parece darse cuenta.
Esta amnesia cultural, es la otra cara, de la fascinación que ejerce la tecnología.
En las balanzas: contenido/forma, técnica/pensamiento, medio/fin… el desequilibrio se puede apreciar claramente.
Por causa de una propaganda sistemática, a favor de modas vacuas y pasajeras, el criterio de la audiencia, se ha depauperado hasta niveles extremos, haciendo de las artes plásticas el hazmerreir de la cultura en general, pues se consumen de manera gratuita, sin rigor o respeto a la autoría de sus artífices, sin distinguir el hallazgo casual, de la obra de toda una vida…
Como parte de un trivial entretenimiento, que al carecer de cualquier fondo de pensamiento grave, no conmueven ni estimula ya a nadie.
Parte de esta desastrosa situación, la tienen las universidades, que con su flagrante endogamia, han monopolizado ese conocimiento intelectual, para aislarlo de la sensibilidad popular.
Su cantera de super-especializados agentes, que no operan sino entre círculos cerrados, de influencia cultural nula o clasista, han sido la excusa para que muchas personas comunes, pero también cultas y sensibles, no se atrevan a disertar sobre estos temas, ni tampoco a comprometerse con tendencia alguna, por el miedo a ser desacreditados inmediatamente, por estos agentes nefastos de la anticultura, que solo buscan preservar sus intereses particulares, y que exhiben a la primer de cambio, sus títulos y currículos, sus carteras de clientes… como meros instrumentos de sugestión, que no como justificantes de un compromiso ideológico, o con alguna línea de acción/producción concreta.
Sus discursos, salpicados tanto de cultismos, como de neologismos de moda, son, con la excusa de estar enfocados a una estética especializada, pseudo-filosóficos, dialécticos, inconsistentes… pura verborrea insustancial.
Desconectados están por completo, de la cultura viva, real y necesaria, que oriente a las personas en su búsqueda existencial.
Por otro lado, la cultura Pop, ha dejado la disidente disconformidad de sus orígenes, en manos de tópicos manidos y etiquetas sociales, para embarrancar en el conformismo más absoluto.
El arte como prolongación de la naturaleza, es vida misma, vigente y comprometida.
El arte como tal, es una fuerza adaptativa de la sociedad,
Un recurso colectivo para la supervivencia,
Cuando la sociedad no está dispuesta a vivir la vida, como una mera repetición de actos mecánicos y programados,
Cuando esta no se conforma con esa existencia monótona.
Entonces surge la necesidad de una arte potente, que estimule al cerebro y lo ponga a trabajar…
Una sociedad inteligente, que se encamina hacia la utopía, no puede conformarse con estas propuestas, pre-digeridas y convencionales, no puede tolerar este sentimentalismo proteccionista e ingenuo, sobre seres acomplejados, introvertidos, resentidos contar la sociedad… los pobres artistas,
Pues su demanda está más allá de estas debilidades, es intrínseca e inevitable, su necesidad legitima, la constante búsqueda de sentido, de la experiencia humana, la profundidad, en todas sus dimensiones.
Solo el estilo, como testimonio evidente de la genuina individualidad, es discurso realmente trans-egóico.
Pues lo que realmente interesa al otro, es la evidencia de una entidad compacta, autónoma, similar a la suya, para confrontarse con los límites de la inter-subjetividad.
No -alguien que dice las mismas cosas-, aunque de manera diferente
Solo cuando esa individualidad egoica, se confronta con otra entidad ontológicamente equivalente, pero diferente, profundiza en su propia esencia, que es la diferencia justificada y necesaria.
Es cuando esa propuesta no se puede reducir por vía racionalista o psicoanalítica cuando tiene vigencia.
Toda esta presión hacia el conformismo, hacia la visión convencional, su renuncia a la magia y a las dimensiones extraordinarias, es pura propaganda capitalista, para homogeneizar la población y mantenerla controlada.
Si los que valoramos esta tradición plástica, nos negamos a actualizarla, de una manera fiable y respetuosa, los tiempos de barbarie y malestar cultural que se avecinan, serán también nuestra responsabilidad, por no haber luchado lo suficiente, ni haber encontrado la fórmula, que permita elevar la voz singular y auténtica, sobre todo este anodino coro de borregos inerciales.